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Capitulo XVII

Publicado por IsabelGM | 19:02 | | 0 comentarios »


Durante varios días estuvimos juntos a la caza de osos pardos, hubiera querido que existieran animales más fuertes y peligrosos, a lo mejor me hubiera saciado mucho antes, pero bueno, era mejor así, descargar mi ira con los osos y no con los integrantes de mi familia, o los habitantes del pueblo.

Después de varios días no supe bien cuantos, ya me encontraba más tranquila, nuestra estadía en las montañas se iba pareciendo más a la ultima, cuando Tom y Seth nos habían acompañado. Mi mamá ya se había unido a nosotros, pero permanecían a mi lado junto con papá, respetando mi silencio.

Una mañana desperté y me sentí capaz de enfrentarme de nuevo al mundo, mi mente comenzaba a aclararse. Mi papá supo también que todo estaba pasando, así que se acerco a mí con cautela y pronuncio las primeras palabras en muchos días.
- Lo sentimos en verdad –su voz sonaba completamente sincera.
- Creo que comprendo sus razones… creo, aun no estoy muy segura.
Ya no agregó mas, volvió a darme espacio, él se encontraba convencido de que habían actuado correctamente, y yo sólo podía pensar que a pesar de todo su esfuerzo, irremediablemente me había enamorado de Jacob y éste me había roto el corazón.

Al tercer fin de semana, regresamos a casa, pedía al cielo que todo siguiera tan normal, que siguiera la misma rutina, que nadie me interrogara con preguntas incomodas, que simplemente siguiéramos como siempre. Pero sabía que aunque mi familia lo comprendiera, e hicieran como si nada hubiera pasado, tarde o temprano Jacob hablaría por teléfono, y… ¿tendría la entereza de continuar mi vida sin él?

Estábamos a escasos metros de la entrada principal cuando lo noté.
- ¿Seth sigue aquí? –pregunte sorprendida, más que disgustada.
- No puede alejarse de ti, sigue las ordenes de un lobo alfa… estuvo cerca de ti en la montaña.
- ¿Y ya se lo dijo…? –Pregunte angustiada.
- No, para Jake estamos de viaje, junto con Seth.
Ya no quise agregar más, esto iba a ser difícil, necesitaría años, quizá siglos, y los tenía, así que iba a olvidar a Jacob.

El resto de mi familia llegó en el transcurso del día, todos, se comportaron como si nada hubiera pasado, mi papá les había advertido, estaba segura, pero se los agradecía infinitamente. Había perdido tres semanas de clases, para mis compañeros había estado enferma, debía ponerme al corriente así que me apresure con la tarea. Eso ocupaba mi mente y me servía para esperar, si entrar en un ataque de histeria, la llamada de Jake esa noche.
Pretendía hablarle con la naturalidad de siempre, hacer comentarios entusiastas de mi “viaje”, y nunca volver a mencionar cosas como extrañarlo -agonizantemente- y necesitar verlo –como necesitar respirar.

Cuando comenzó a oscurecer, ya no pude concentrarme en nada, la vista se me nublaba si pretendía descifrar lo que escribía, me levanté del escritorio y me asomé por la ventana, talvez podría ir a caminar un poco, talvez podría caminar por todo el estado. Salí, el aire helado me despertó los sentidos, y me sentí un poco mejor. Llegué al lago y me senté en el mismo tronco donde había estado con Bill, al recordarlo suspire, el suspiro alivió un poco mi tensión. Así que me puse a recordar ese día, platicando de la mano, y también el día que estuvimos a punto de darnos un beso. Mi boca se curvó entonces con una pequeña sonrisa.


Al alzar la vista, del otro lado del lago, junto a un enorme árbol, estaba una figura negra sobresaliendo del verde intenso de la vegetación, mi corazón comenzó a latir de inmediato, respondiendo como siempre a esa sonrisa perfecta. Me puse de pié y cruce de un solo salto el lago, procurando que en mis movimientos no notara urgencia por llegar a su lado.

-Regresaste –Dijo, y una amplia sonrisa iluminó su rostro. Le sonreí también como respuesta, y continuó diciendo – ¿Se acabaron los osos pardos? –Bajé la mirada apenada, estaba al tanto de todo.
- Debes llevarme un día a esas montañas, parece que la sangre de esos osos obra milagros.
- ¿Lo dices por Tom?
- Y también por ti… -me turbé un poco, entonces se disculpó –Perdón si estoy siendo imprudente.
No respondí, voltee el cuerpo en dirección al lago, el tomó mi mano para girarme hacia él de nuevo.
Yo no quería mirarlo a los ojos, no quería que viera el sufrimiento que me provocaba otra persona. Pero él puso su mano helada en mi mejilla, sintiendo inmediatamente como la temperatura en mí subía por su contacto. Poco a poco levante la cabeza y vi que se mordía el labio inferior nerviosamente, busque el motivo en sus ojos, y lo encontré mirándome con intensa ternura y preocupación, él pensaba que me había lastimado con sus palabras. Me conmovió profundamente. Le sonreí para tranquilizarlo, y entonces se relajó. Abrió la boca para decir algo y yo puse mi dedo en ella para impedirlo, ahora fui yo quien lentamente me acerqué a sus labios.

Al primer contacto con sus labios los sentí helados e inmóviles, se había paralizado por la sorpresa, pensé que tendría que utilizar todas mis fuerzas para moverlos, apenas estaba tomando conciencia de esto, cuando sentí su mano alrededor de mi cintura, acercándome más a él. Comenzó a mover los labios despacio como si temiera que los míos fueran a romperse, lo sentía inseguro, temeroso de que de repente reaccionara y lo apartara. Poco a poco comenzó a tener mas confianza y su boca comenzó a ser mas exigente con la mía, yo estaba hipnotizada con el sabor dulce y frío de su aliento, el bosque comenzó a girar a nuestro alrededor, empecé a sentir lo que él sentía, estaba conectando su mente con la mía, fue disfrutar el beso desde los dos lados, lo que sentí resultó maravilloso, entonces yo también puse mi mano en su mejilla, y le mostré lo que estaba sintiendo. En ese instante fuimos un solo ser.

Podría haber continuado por la eternidad, pero maldita sea ¿por que necesitaba respirar? Hice acopio de toda mi voluntad y aparte mis labios ligeramente para tomar aire, sentía las mejillas ardiendo, mis manos sudaban y mi corazón latía a mil, no bastó con una sola respiración, después de hacerlo varias veces sentía que me seguía faltando el aire. Lo miré y parecía que brillaba radiante, su hermosa sonrisa ahora era mágicamente perfecta. Sus ojos centellaban una luz incandescente. Podría asegurar que la menor provocación nos convertiría en fuegos artificiales.
- Ves como la sangre de los osos pardos si es milagrosa – dijo, y los dos nos reímos abiertamente.

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