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Capitulo XXI

Publicado por IsabelGM | 19:07 | | 0 comentarios »

“Te estoy esperando en el lago” volví a escuchar en mi cabeza. Salí de la casa y caminé lentamente hacía allá.
- Hola –me dijo cuando estuve cerca de él. Sonreía pero en sus ojos no había alegría si no preocupación. Estaba sentado en el tronco donde habíamos platicado aquella vez. Me senté a su lado y tome su mano.
- Mis manos son muy frías ¿verdad? – dijo con tristeza, entre cerré los ojos, no entendía a que se estaba refiriendo.
- Bueno, no corre sangre por ellas… -continuó, sacudí la cabeza extrañada ¿por qué estaba hablando de eso?
- ¿Cómo competir con eso? – otra frase incongruente, comencé a exasperarme.
- ¿De qué estas hablando Bill? – Estudiaba sus facciones con cautela ¿qué estaba pasando por su mente?
- De mí… ¿De cómo puedo hacer que me ames? Si ni siquiera puedo ofrecerte un corazón… un corazón que palpite –su voz se quebró y soltó mi mano.
- Bill yo te amo – Yo lo sabía desde siempre pero ahora si podía confesarlo abiertamente. Volteó a verme con los ojos muy abiertos. Pestañeo varias veces.
- ¿Lo dices enserio? –su boca comenzaba a curvarse en una sonrisa.
- Si –tome sus dos manos, las sostuve con fuerza y lo mire a los ojos – lo digo en verdad.
Sus ojos se iluminaron por la alegría. A una velocidad increíble, me tomó en brazos y saltó conmigo el lago. Cuando estuvimos del otro lado, justo donde nos habíamos besado la primera vez, sin ponerme en el suelo, comenzó a besarme, su boca se movía libremente por la mía, podía sentir sus labios helados y ardientes al mismo tiempo, eran duros como de mármol, pero con el roce con los míos de volvían delicados, tiernos, exigentes, volvió a conectar su mente con la mía, yo hice lo propio, poniendo mi mano en su mejilla, nos trasmitíamos mutuamente la pasión de cada detalle, el calor, el sabor, como todos nuestros sentidos se iban fundiendo poco a poco, se iban convirtiendo en llamas de colores.

Pasó mucho tiempo, no supe cuanto, ni me interesó saberlo. Pero la luna brillaba hermosa, reflejándose sobre el lago, las sombras de los árboles nos envolvían y se escuchaban los sonidos de los animales nocturnos a lo lejos. Pero el sonido de mi corazón retumbando acelerado, se escuchaba más que cualquier otra cosa.

Me di cuenta que seguía en sus brazos, le sonreí, puse mi mano en su mejilla, y le pedí que me bajara. El sonrió también divertido. Me puso en el suelo con mucha delicadeza pero me mantuvo cerca de él envuelta en sus brazos. ¿Podríamos permanecer así para siempre? La temperatura había bajado, casi bajo cero, seguramente comenzaría a nevar, mi piel se comenzó a erizar por el frío, y empecé a temblar. Maldita sea, eso quería decir que no.
- Creo que tenemos que regresar, no queremos que te de pulmonía –dijo con los ojos chispeantes aún.
- Está bien –acepte resignada. Después de todo, podríamos hacer lo mismo mañana, y pasado mañana y… por la eternidad.

Pero el desconsuelo me asaltaba en el mismo instante que me separaba de Bill, volvía a sentir la inmensa desesperación por estar lejos de Jacob. Nunca había sido adicta a nada, ni siquiera podía considerar que algo estuviera en mi vida por mucho tiempo para acostumbrarme tanto para luego extrañar su pérdida. Pero podría asegurar que así, exactamente como yo me sentía, se sentiría un adicto en recuperación. Con la enorme diferencia de que yo no me estaba recuperando de algo que me hiciera daño, por el contrario. Creo que de lo que me estoy absteniendo es del oxigeno que me mantenía con vida.

Por la misma razón la horas más agónicas de mi día, eran las interminables horas de insomnio que pasaba por las noches. No me permitía a mi misma llorar, yo no merecía ese consuelo y Bill no merecía escucharme hacerlo.

La mañana comenzaba alegre, despertaba muy cansada después de haber dormido muy poco, pero con la ilusión de ver a Bill al pie de la escalera sonriendo, con esa sonrisa perfecta que hacia ponerme de rodillas, era la mejor parte de mi vida. En el transcurso del día todo iba tranquilo, y encontraba bastantes distractores, las clases se habían vuelto inmensamente divertidas ahora que entre los tres no permitíamos hacer trampa con nuestros dones, así como realizarles pequeñas bromas a los compañeros. Por la tarde las cosas iban bajando de tono, como si fuera el día estuviera dibujado en degradado que iba desde blanco, terminando en el negro, pasando por todas las tonalidades de grises.

No volví a recibir llamada nocturna desde Forks, como tampoco Seth volvió a dirigirme la palabra. Se limitaba a vigilarme con cierta distancia, sin poder evitarlo pues continuaba siguiendo las órdenes del lobo Alfa. Me preguntaba por qué Jacob no había telefoneado a Seth para que regresara.

Continuábamos con los planes de la excursión para el fin de semana, toda la familia se había unido con entusiasmo. El jueves por la tarde tuvimos que pasar por la tienda deportiva de Hannover. Bill no subiría a la montaña con la misma ropa con la que asistía a la escuela- había afirmado- por lo que compró todo el equipo adecuado para campistas de montañas nevadas. Cosas completamente innecesarias, por que su cuerpo era igual o más frío que la nieve. Pero aun así compró todo, para él, para Tom y para mí, aunque yo era realmente la única que lo necesitaría, en primera porque la ropa térmica que tenía en casa, que había usado hace apenas poco más de un mes, ya no me quedaba, y en segunda porque ya no contaba con el beneficio de un licántropo, con piel ardiendo en fiebre, al cual abrazarme para protegerme del frío.

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