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Capitulo XXV

Publicado por IsabelGM | 19:13 | | 0 comentarios »

Las imágenes, aparecían en mi mente, como si las viera a través de la ventana de un tren bala; podía ver las interminables horas que había pasado junto a Jacob en Forks, cuando era niña, corriendo por los bosques, fuertemente agarrada a su lomo, los días que iba de viaje con mis padres por países lejanos, la caras amorosas de mi familia que me sonrían con ternura, la escuela, mis compañeros de clases, las bromas. Me veía en los brazos de Bill, y después en la montaña cazando osos. Ninguna imagen tenía congruencia, ilación ni contexto. Seguían pasando una tras otra, sin fin. No sentía nada, solo la extrema velocidad, las imágenes continuaban apareciendo, pero algo en mi interior me decía que no eran reales. Pero no quería que se detuvieran, todas eran hermosas, me llenaban de paz.

Mucho tiempo después, no podría decir cuanto, las imágenes cesaron. De pronto me vi envuelta en una espesa niebla blanca, tan espesa que la sentía casi sólida. No podía sentir ni escuchar nada, permanecía inmóvil, a la espera de que surgiera algún cambio. No podía recordar porque me encontraba ahí, que me había llevado hasta ese lugar donde no existía nada.

Poco a poco, comencé a percibir cosas, y comencé a recordarlo todo, el terror se apoderó de mí, sabía lo que había pasado, y que me había desmayado antes de conocer el desenlace de la batalla. Pero cualquiera que éste fuera, dolería tanto que volvería a perder la razón, y ahora si podría ser para siempre.

Lo primero que comencé a sentir fue una gran opresión en el pecho y que se me dificultaba respirar. Mis mejillas bañadas en lágrimas, y una mano helada que las enjugaba con ternura. Después pude percibir otra mano de mármol que se mantenía fija en mi frente, y otra que sujetaba mis manos a la altura de mi pecho. Estaba acostada sobre una cama, algo estrecha, y no hacía frío, por lo que deduje es que ya no seguíamos en la montaña.

Luego vinieron los sonidos, algunos parecían voces que no reconocía, y que no quería escuchar, no quería ir reconociéndolas y descubrir que faltaba alguna, el pitido constante de una maquina para medir los signos vitales, los pasos nerviosos de los presentes. Las lágrimas seguían un flujo constante sobre mis mejillas, luche por no regresar a la conciencia, quería seguir así para siempre. No quería abrir los ojos. El dolor era insoportable.
Pero fue imposible, imágenes borrosas al principio, comenzaron a filtrarse entre mis pestañas, varias personas se movían constantemente a mí alrededor. Pero una, la que mantenía sus manos sobre mi frente y pecho permanecía inmóvil. Luego las voces comenzaron a tener forma en mi cerebro, reconocí en primer lugar la de mi madre, diciéndome que todo estaba bien y que me amaba, una sensación de alivio se filtro debajo de mi piel. Ella se encontraba bien.
Entonces dejé de luchar por permanecer inconciente, ahora me concentré en ir activando mis sentidos, uno a uno, para que volvieran a funcionar. Descubrí que él que permanecía inmóvil a mi lado era Jasper, buscando con su don contrarrestar mi sufrimiento. Luego logré ver a mi padre, sumamente angustiado al pie de mi cama.
Traté de abrir los ojos sin conseguir ver nada, las lágrimas seguían ahí, fluyendo, formando una barrera de cristal. Entonces, trate de percibir el olor de los presentes. Mi abuelito estaba muy cerca y en la habitación también esta Alice.
Cada vez que reconocía a un miembro de mi familia, el alivio se iba haciendo más grande. Pero también aumentaba mi agonía, mi desesperación al saber que tarde o temprano sabría quien faltaba.

Después de mucho tiempo, logre abrir los ojos, mi mamá corrió a acercarse, a pasar su mano sobre mi rostro, limpiando las lagrimas, repitiendo una y otra vez “Todo esta bien”.
- ¿Jake? –No supe bien si realmente lo dije, no escuché ningún sonido salir de mi boca. Pero mi papá se acerco inmediatamente y me acarició la frente mientras decía algo que no lograba entender.
- Jake, Jake, Jake –Repetía una y otra vez, ahora si podía escuchar el sonido de mi voz suplicante.
- Bill, sigue intentándolo –Escuché gritar a mi padre.
¡¡Bill!! Bill estaba ahí, ¡Dios mió! Eso sólo significaba una cosa, mi pecho comenzó a contraerse de dolor. ¡Oh Jake, no, por favor no!
En ese momento se abrió la puerta de golpe, se llenó de un exquisito olor que reconocí al instante, ¡Jacob! – grité- y al instante unos brazos ardientes me rodearon. Me desconecte todos los aparatos y me abracé fuertemente de su cuello. Lo comencé a besar con desesperación, como si de eso dependiera mi cordura. De hecho así era.

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